Seguro que ahora mismo a todas y a todos os sonará la palabra “crisis”, la cual proviene del Latín: crisis, y este del Griego: κρισις. Si la buscamos en el Diccionario de la lengua española, nos encontraremos las siguientes acepciones:1. f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.
2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.
3. f. Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese.
4. f. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes.
5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.
6. f. Escasez, carestía.
7. f. Situación dificultosa o complicada.
Es evidente que sin contar con la acepción número uno, incluso la dos, podríamos decir que se refiere a nuestra situación, la que vivimos hoy en día aquí en nuestro país e incluso fuera de él, y digo esto porque a más de uno y a más de una le habrá cambiado el espíritu ante la situación con la que actualmente convivimos.
Ahora bien, hemos escuchado y seguimos escuchando muchísimo hablar sobre este tema, en la radio, en la televisión, en el periódico, etc., pero ¿realmente sabemos el porqué de esta situación? La mayoría de los considerados “expertos” en este tema, coinciden al argumentar que en nuestro país se han dado una serie de puntos que si los sumamos a las circunstancias que afectan al resto del mundo, nos dan como resultado la subida de precios en todo tipo de productos, la amenaza, para los que aún conservan su trabajo y el hecho, ya visible, de despidos de miles de trabajadores y distintas consecuencias que nos son muy desfavorables y que a su vez han contribuido en gran medida a que nos encontremos en una situación económica, cuanto menos preocupante.
Como todas y todos sabemos, la economía española sentó sus pilares básicos durante los últimos diez años sobre dos sectores: la construcción y el turismo. Hace casi más de cuatro años, los principales analistas empezaron a advertirnos a través de los medios de comunicación de la amenaza que existía sobre la economía nacional por apoyarse en la construcción. Fue en 2004 cuando el aumento de los costes de financiación de los créditos hipotecarios crecieron por primera vez desde el año 2000, en línea con el esperado aumento de los tipos de interés, lo que provocó un descenso cada vez mayor de la demanda de vivienda, exactamente tal y como ya había augurado el BBVA a través del Servicio de Estudios sobre coyuntura económica.
Pocos meses después, el Instituto Nacional de Estadística publicó unos datos espectaculares sobre crecimiento de la economía española, que alcanzaba el 3,27% durante el año 2004. El INE indicó que el ‘centro de gravedad’ del desarrollo económico peninsular entre 1995 y 2003 tendía a desplazarse hacia Madrid desde el Norte y desde el Este hacia el Oeste por el empuje de las provincias limítrofes con Portugal. Las provincias del norte de España perdían peso económico, a causa de la especulación inmobiliaria, que parecía no tener fin, sobretodo en la Costa del Sol, y si no preguntémosle al Sr. Muñoz, entre otros, ya que no es el único que sabe del tema.
Retomando el tema; durante todos esos años siempre ha habido un dato común, que la deuda bancaria de las familias no paraba de aumentar mes a mes, cada vez las listas de morosidad iban aumentando más y más, por lo que esto no podía traer nada bueno. Todo el mundo solicitaba créditos, para las vacaciones, para la feria de Sevilla, para el coche... ibas al banco y te daban el préstamo... y es ahí donde, según los expertos podemos comprobar que la situación actual no es ninguna consecuencia de la situación a nivel global, ya que mientras que en la mayoría de los países europeos los grandes bancos anunciaban recortes en sus beneficios, aquí, en España, todas las entidades bancarias batían récords históricos de ingresos, pero por la subida de los precios desconfían en dar nuevos créditos descendiendo así el consumo, repercutiendo en la industria, en las inmobiliarias, etc. A todo esto debemos sumarle la subida continuada del Euríbor que a parte de asfixiar aún más nuestra economía familiar, provoca una disminución considerable del consumo lo que da a lugar al cierre de numerosos negocias, empresas y demás al no poder costearse.







